Carta abierta a las madres y los padres que sienten que están rompiendo un ciclo
Hoy, después de acostar a tu hijo, te quedaste un momento parado en su puerta viendo cómo dormía. Y en tu cabeza, sin que quisieras, volvió la escena de la tarde: el grito que se te salió por algo tan pequeño que ni recuerdas bien qué fue. O el silencio que le diste cuando te contestó mal, ese silencio que se parece tanto al que te dieron a ti. O simplemente el miedo, ese que te paraliza cuando ves que está repitiendo algo que no querías que tu hijo viera o aprendiera.
No vengo a decirte que dejes de sentir eso. Paso por acá a expresarte una sola cosa, clara: no eres un mal padre ni una mala madre por haber gritado hoy. Eres alguien que está intentando hacer algo distinto a lo que le enseñaron, con las mismas manos con las que a ti también te gritaron, te dejaron en silencio, o te asustaron.
Nadie te dio un curso para esto. Aprendiste a mitad de camino, corrigiendo sobre la marcha, con tu hijo mirándote mientras tú también te equivocabas. Por eso, cuando en las noches te preguntas si lo estás haciendo bien, quiero que sepas algo: esa pregunta no la hacen los papás a los que no les importa. La hacen los que sí les importa, y mucho.
Métodos no hay pero desde mi experiencia oyendo a miles de madres y de padres, puedo decirte esto sin temor a equivocarme: la próxima vez que alces la voz sin querer, o que te equivoques con el mismo error de siempre, no te lo tomes como prueba de que no puedes. Tómalo como parte del proceso en el que estás, el de romper con los viejos hábitos, con las costumbres que parecería que tienes tatuadas (aunque no sea así).
También te pido un favor enorme, no te compare, puede que tu hermana crie distinto a ti, puede que tu vecina tenga más paciencia, o menos, o reglas que a ti te parecen raras. No están en una competencia de quién lo hace mejor. Cada uno está deshaciendo un nudo distinto, el que le tocó a su familia, con las herramientas que ha podido conseguir en el camino.
Tu camino familiar no es más fácil ni más difícil que el de nadie más. Es el tuyo, y eso basta para que quieras seguir dándote una oportunidad mañana.
Ánimo.
P.d. Para tu corazón hoy
