Tiempo fuera
En medio de una discusión es muy fácil dejar que las emociones tomen el control. Cuando eso ocurre, dejamos de escuchar y empezamos a defendernos, atacar o decir palabras de las que después nos arrepentimos. Por eso existe una herramienta muy sencilla, pero así mismo también muy poderosa: el tiempo fuera.
Pedir un tiempo fuera no significa huir del problema ni dejar al otro con la palabra en la boca. Significa reconocer que, en este momento, la rabia, la frustración o el dolor son tan intensos que necesitamos unos minutos para recuperar la calma y poder conversar mejor.
La clave está en hacer tres cosas. Primero, expresar que necesitas una pausa. Segundo, explicar que tu intención es cuidar la conversación, no somplemente ganar. Y tercero, comprometerte a retomarla en un momento concreto.
Puedes decir frases como :
- «Necesito calmarme para no decir cosas hirientes. ¿Te parece si retomamos esta conversación en media hora?
- «Ahora mismo estoy muy alterado o alterada. Prefiero tomar unos minutos y seguir hablando cuando pueda escucharte mejor.»
- «No quiero discutir contigo desde la rabia. Dame un poco de tiempo y continuamos.»
- «Esta conversación es importante para mí. Por eso prefiero hacer una pausa antes que lastimarnos.»
- «No estoy evitando el tema; solo necesito serenarme para poder resolverlo contigo.»
Durante ese tiempo fuera, evita seguir pensando en cómo ganar la discusión. No se trata de un espacio para alimentar la emoción que hasta ese momento guiaba la conversación. Más bien, es un tiempo para respirar, caminar, tomar agua o cambiar de ambiente por unos minutos.
Por ultimo, no olvides que el tiempo fuera solo funciona si vuelves. No desaparezcas ni uses el silencio como castigo, cumple el acuerdo y regresa a la conversación en el momento pactado.
Con esta técnica sencilla puedes hacer que una pausa de 30 minutos evite una herida que puede durar años.
